Pensamiento

El vía crucis del empresario.


Estamos acostumbrados, a escuchas eso de la “cuesta de enero”, pero para el empresario lo que llega es su vía crucis particular, que no consta de 15 estaciones,pero nos hace sufrir lo nuestro.

Empezamos el año, con las últimas liquidaciones trimestrales y los resúmenes anuales, modelo 347, etc., del ejercicio que termina.

Ya metidos en febrero, tenemos la presentación del modelo 347, resumen de operaciones de más de 3.000,00 euros en la que tenemos que comprobar que no haya ningún error, por lo que te relacionas por carta o teléfono con todos los declarados, para comprobar que todo se ha hecho correctamente.

Marzo es un mes tranquilo para los autónomos, sin embargo, las sociedades tienen que formular las cuentas anuales, para lo que tiene que tener cerrada la contabilidad del ejercicio anterior.

Pero, casi sin darnos un respiro, empezamos abril con la preparación y presentación de los libros contables en el registro mercantil, las primeras liquidaciones trimestrales, y empieza el plazo de la declaración de la Renta de las Personas Físicas,
en la que hay que tener paciencia para ver las deducciones que podemos encontrar y rebajar nuestra factura fiscal.

Seguimos con la declaración de la renta hasta el 30 de junio, día en que finaliza el plazo para su presentación.
Terminado el plazo de la declaración de la renta, entramos en julio con en el Impuesto de Sociedades, y las segundas liquidaciones trimestrales, más la junta de socios y la presentación de las cuentas anuales.
Y ya en agosto, empiezan nuestras más esperadas vacaciones, eso sí, con el portátil dentro de la maleta, no sea que a la Administración le dé por comunicarnos que tienes notificaciones por recoger, si se ha olvidado de notificar el mes en el que no
queremos notificaciones.
Pero no todo es malo, ya que en “teoría”, los impuestos van a repercutir en sanidad, educación, pensiones y demás gastos públicos que hacen que España sea un país que se diferencia por tener una de la mejor sanidad pública, y una gran educación
pública, aunque esta última tenga que apoyarse en conciertos con la educación privada.
Para todo lo anterior, tenemos el deber constitucional de contribuir a los gastos públicos en la medida de nuestras posibilidades, (artículo 31 de la CE), pero, ¿realmente todos contribuimos en la medida de nuestras posibilidades?, yo creo que no, porque en tiempos de pandemia y ahora en esta situación de falta de materia prima, los altos precios de los suministros energéticos, y personal cualificado, les han venido justos sus ahorros para poder subsistir, mientras que se ha tenido que seguir pagando una parte de impuestos, seguros sociales y tasas municcipales.
En estos hechos son donde debería verse el apoyo a las empresas, en “devolvernos” parte de las contribuciones que se han aportado, pero no ha sido así, las ayudas a las empresas y autónomos han sido mínimas, no han servido para paliar las pérdidas ocasionadas.
En este momento el cambio de la legislación laboral no pueda entenderse, y no por los salarios de los trabajadores, que deben tener un salario suficiente para vivir dignamente, y para nada ha de haber recortes en salarios, pero lo que no es muy normal es que las cotizaciones a la seguridad social signifiquen una media del 38% de la base de cotización que hay que añadir a los salarios, y a los que ha de tener en cuenta el empresario a la hora de contratar trabajadores.
Todo ello hace que, para el empresario, más de la mitad de sus ingresos acaben en las arcas de la administración, revertiendo bastante menos en bienes comunes y en mejorar el nivel de vida.
Y entre todos los números que hay que hacer para mantener las empresas, se pasa el mes de agosto, y resulta que las vacaciones tan esperadas no han sido tal, puesto que nuestra cabeza ha estado maquinando la forma de poder mantener las empresas y los puestos de trabajo de nuestros trabajadores, y con ello, volvemos a pensar en nuevas vacaciones, en las que no tengamos ninguna preocupación que nos dejen disfrutar de unas merecidas vacaciones.